La indolencia ante las demandas sociales

LA INDOLENCIA ANTE LAS DEMANDAS SOCIALES

Por: JAIME PAREDES CALLA (*)

¿Cuando y de qué manera desterraremos de nuestro país el ejercicio irresponsable de hacer política?, porque históricamente la regla para llegar al gobierno (sea nacional o local) ha sido la de prometer todo en campaña y cumplir poco de lo ofrecido una vez que se está en el poder formal.

El gobierno del Dr. Alan Damián García Pérez no es la excepción a dicha regla, por eso, una de las principales causas por las que brotan conflictos sociales en diversos lugares de nuestro territorio nacional es la demagogia convertida en práctica por parte del actual gobierno central (promesa de campaña electoral para establecer un impuesto a las sobreganancias mineras, retorno a la Constitución de 1979, revisión del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, etc.).

Cuando se agotan las vías del diálogo, cuando se acrecienta la impotencia de la mayoría de la población no sólo para ser escuchada por sus gobernantes sino para que se solucionen los problemas que aquejan al país, entonces llega el momento de establecer un “punto de quiebre” para que de una vez por todas quienes aspiran a gobernar sepan que no deben ofertar un vendaval de promesas electorales que “caen bien” en la población pero que no las llevarán a la práctica.

La protesta en las calles en varios lugares de nuestra patria es el escenario al que estamos llegando producto de la sordera del Poder Ejecutivo para atender las demandas ciudadanas. Mientas tanto la máxima autoridad regional de Arequipa hace todos los esfuerzos de acrobacia posibles, para mantener un equilibrio entre el gobierno central y la población arequipeña que no está conforme con su débil postura frente a la actual situación social.

El papel de mediador que ha ofrecido el Gobierno Regional de Arequipa a través de su Presidente, no es estratégico políticamente, y es que se requieren definiciones para afrontar las tensiones que vienen embalsándose, el Dr. Guillén Benavides debería acordarse del rol que desempeñó en junio del 2002.

Si el Ejecutivo quiere evitar lamentos posteriores (recordando que el denominado “arequipazo” de hace 5 años nos ha dejado algunas lecciones) entonces debe atender las demandas sociales, está bien sostener buenas relaciones con el sector empresarial pero no en desmedro de la mayoría de la población peruana que es a quien nuestros gobernantes de turno se deben, por eso insistimos una vez más, aún no es tarde para que el Presidente de la República y el Partido Aprista Peruano (que ejercen la administración nacional) gobiernen para las mayorías y que por ejemplo establezcan para las empresas mineras un impuesto a las sobreganancias.

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